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En el antiguo panteón de canónigos está ubicada actualmente la Exposición Permanente de Arte Sacro, en la que se pueden contemplar piezas tan interesantes como el relieve de la Última Cena, de principios del s. XVI, atribuido a Gutierre Gierero o Jerónimo Quijano; la talla de San Lorenzo, de la segunda mitad de la misma centuria, cuyo posible autor fue Sebastián de Solís, o la imagen de San Diego de Alcalá, de autor desconocido, y realizada en el s. XVII.

Interesantes como el pie para el cirio pascual y el tenebrario que forjó a principios del XVI el maestro Bartolomé, conocido rejero de la época. A la gubia de Sebastián de Solís se atribuye también el relieve de la Adoración de los Reyes Magos.

Preside la antigua capilla del panteón un lienzo de Sebastián Martínez conocido como Cristo del desamparo y Jesús abandonado, realizado hacia 1660 por encargo del Cabildo. Otras pinturas enriquecen esta colección, como la Virgen de la Cinta o Sagrada Familia, de Pedro Machuca, pintada hacia 1520 y de claros influjos rafaelescos, y los Desposorios de la Virgen, del pintor novohispano Cristóbal de Villalpando. En la cabeza del Bautista se percibe el influjo de Valdés Leal, y el de José de Ribera en el lienzo que representa a San Andrés. Dignos de mención son los óleos anónimos que efigian a Santo Tomás de Villanueva, San Agustín y San Francisco de Asís consolado por un ángel. A pesar de los sucesivos repintes, la pintura más antigua es la Virgen de Gracia, el estandarte que en el primer tercio del s. XV enarbolaba el obispo Don Gonzalo de Estúñiga en sus escaramuzas contra los musulmanes granadinos. Al ardor guerrero de esta representación de la Virgen pone el contrapunto de serenidad y paz María con el Niño, de indudable gusto italiano. En la cripta propiamente dicha se ubica un cuadro de Sebastián Martínez, de rica iconografía, que representa el triunfo de la Inmaculada y es conocido popularmente como la Virgen de los compadres, por estar representados en la zona inferior Adán y Eva.

En este mismo espacio se puede contemplar una rica arqueta mudéjar y diversas piezas de orfebrería, como la custodia gótica y diversos cálices.




Estructura de la Exposición Permanente de Arte Sacro: "La historia de la Salvación: una historia de amor".


Primera Parte La primera parte de la Exposición Permanente, titulada Dios Padre: el Dios de la historia, ayuda al visitante a la contemplación del designio salvador de Dios Padre que consiste en compartir su amor con la humanidad. Este plan salvífico lleno de amor gratuito se ha manifestado en la historia desde Abrahán, acompañando al pueblo de Israel, y queda reflejado en obras como los libros Corales de la Santísima Trinidad, la casulla blanca con el Arca de la Alianza o el cuadro de bronce y coral donde se representa la creación de Eva.

Segunda Parte La segunda parte de la Exposición Permanente de Arte Sacro, que lleva por título Dios manifestado en Jesucristo, presenta dos momentos dentro de la dimensión salvadora de Jesucristo: la Encarnación, haciéndose hombre, y la Redención, su muerte por los pecados de la humanidad. Ambas dimensiones quedan ilustradas en obras que plasman episodios de la vida de Cristo como la Anunciación, la Adoración de los pastores, la Sagrada Familia, la Última Cena y el Calvario.

Tercera Parte La continuidad de la obra redentora de Cristo por medio de su Iglesia animada por el Espíritu Santo está recogida en la tercera parte de la Exposición: El Espíritu de Jesús anima a su Iglesia. La distribución de las obras en esta sección tercera refleja a la Iglesia que vive las tres funciones básicas encomendadas por Cristo: escuchar la palabra, vivir la caridad y celebrar la fe, y ello teniendo como modelo e intercesora a María. E

Cuarta Parte Finalmente, una cuarta y última parte de la Exposición Permanente, que culmina el recorrido catequético por la historia de la salvación, se centra en Jesucristo: El Salvador, punto omega de la historia, culminación de los tiempos y los siglos, que puede ser contemplado de distintas formas, tanto en las diversas cruces procesionales expuestas como en modelos iconográficos cristológicos clásicos -cordero apocalíptico, pelícano-.