Antiguo Panteón

Antiguo Panteón de Canónigos
Antiguo Panteón de Canónigos

Antiguo Panteón de Canónigos

La primera zona construida por Andrés de Vandelvira en la nueva catedral fue el panteón de canónigos, lugar destinado a albergar los cuerpos de los miembros del Cabildo que pidieran ser enterrados allí. Este espacio funerario estuvo en funcionamiento hasta poco antes de mediados del s. XIX, cuando se abrió el cementerio de San Eufrasio.

Durante el pontificado del obispo D. Diego Tavera (1555-1560), el arquitecto Andrés de Vandelvira dirigió las obras de la primera fase de construcción de la nueva catedral de Jaén. En concreto, en este período, bajo la dirección del maestro cantero alcaraceño se edificó la Sala Capitular o capilla de San Pedro de Osma, y el Panteón de canónigos y cripta.

Dada la especial nivelación de la catedral, el Panteón de canónigos le sirvió a Vandelvira como importante cuerpo basamental en el que descansase el pavimento de la futura Sacristía y de la Sala Capitular, y estuviera así al mismo nivel de las naves catedralicias. Precisamente esa función de base o soporte de la Sacristía hace que el Panteón sea un espacio arquitectónico sobrio y fortísimo, en opinión de Fernando Chueca, lo que no le resta en absoluto grandiosidad.

Los espacios de este conjunto arquitectónico

El antiguo Panteón de canónigos y cripta es un espacio tripartito. Desde la antesacristía o vestuario, se accede al Panteón por una escalera irrelevante de ida y vuelta, que no hace sospechar al visitante el espacio arquitectónico que le aguarda abajo. Lo primero que se puede admirar es un gran arco de medio punto, que engloba otros tres arcos menores de medio punto, que descansan sobre columnas pareadas de orden jónico, usando así Vandelvira un motivo que repitió posteriormente en la Sacristía mayor, y que en opinión de Galera Andreu, es un alarde de cantería para hacer de un elemento estructural una pieza escultórica, o pantalla arquitectónica calada, como lo define Chueca.

Este triple arco, enmarcado en uno mayor, da paso al primer espacio dentro de este conjunto, que sirve de vestíbulo o atrio de la cripta. Se trata de una bella sala, extendida de norte a sur, de 8’5 x 5’5 mts, cubierta con una armoniosa bóveda baída con lunetos ciegos.

Desde esta primera estancia se accede a la cripta propiamente dicha, que es el espacio mayor de este conjunto, a través de una portada flanqueada por columnas adosadas con capiteles jónicos, a modo de arco de triunfo, sobre cuyos entablamentos descansan sendas figuras femeninas que representan el triunfo de la fama y el mérito sobre la muerte, nada más apropiado ya que se trata de la entrada al lugar donde reposaban los restos mortales de los canónigos. Finalmente, el escudo del obispo Tavera corona este magnífico conjunto, a través del cual se accede a un amplio salón rectangular, de 19’5 x 10 mts.

Esta cripta es un magnífico espacio en el que Vandelvira diseñó una secuencia de vanos, que posteriormente repitió en la sacristía, pero desprovistos de columnas y entablamentos: cinco en los lados mayores y tres en los menores. La bóveda es muy rebajada y en forma de esquife, aumentando esta sensación de rebajamiento más todavía una amplia moldura, que parece apoyarse en las claves de los arcos que se abren en el muro. En esta notable bóveda el único elemento decorativo es el formado por unos notables recuadros.

En el vano central de la cabecera de la cripta se sitúa el altar adosado a la pared, realizado en mármoles, en el que campea el escudo del Cabildo. Esta pieza evoca inmediatamente el carácter de templo de este espacio particular, carácter que subraya también la estancia situada a espaldas de la cabecera, de 12 x 6 mts, que era la zona propiamente cementerial, y está cerrada por una poderosa bóveda de cañón.


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