VIGILIA PASCUAL: Cristo resucita para darnos la vida eterna

La noche más oscura del año dio paso a la luz de Cristo resucitado que ilumina el mundo.

La Catedral de Jaén acogió, como cada año, la Vigilia Pascual en la noche del Sábado de Gloria. Una Catedral totalmente a oscuras, sólo iluminada por el fuego nuevo, desde donde se tomaría la llama que encendiera el cirio pascual.

El Obispo de la Diócesis, Don Amadeo Rodríguez Magro, presidió su primera Vigilia Pascual en el Santo Reino. En el trascoro comenzó el rito de pasar de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida. Acompañado de los seminaristas, del Rector del Seminario y de algunos canónigos, se preparó el cirio pascual para ser encendido por el Prelado mientras decía: “La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu”.

Al finalizar este rito, comenzó la procesión hasta el Presbiterio, encabezada por el cirio pascual, que portaba el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz, a continuación los seminaristas, el Obispo y los niños que esa noche santa iban a recibir las aguas del bautismo, junto con sus padres y padrinos,  a continuación, todos los fieles reunidos en esta Vigilia de Pascua.

Uno a uno, todos los congregados encendieron sus velas, mientras daba comienzo la celebración eucarística.

Tras la proclamación del Evangelio, el Obispo impartió la bendición con el Evangeliario, y luego hizo un gesto nada habitual, y fue predicar desde el ambón y no desde su cátedra, para, como él mismo dijo, estar cerca de Pablo Jesús y Blanca, los niños que iban a recibir el Bautismo durante la celebración Pascual.

Homilía
Don Amadeo comenzó sus palabras dirigiéndose a los dos catecúmenos, diciéndoles que “iban a ser bautizados en el acontecimiento más grande, más bonito y más hermoso que se pueda celebrar en la vida de la Iglesia, en la madre de todas las Vigilias, en la Vigilia de la Pascua de Resurrección”. También les explicó a los niños que iban a recibir el Sacramento del bautismo, que el cirio pascual simboliza la luz, simboliza a Cristo que es la luz del mundo.

Respecto a la celebración de esa noche, el Obispo recordó que “el amor de Dios y el poder de Dios no podían consentir que triunfara la muerte, y por eso Dios resucitó a su Hijo, y eso es lo que esperaba la humanidad”. En este sentido, quiso explicar que “Dios ha mantenido firme su promesa, la de enviar al mundo a su propio Hijo, al nuevo Adán para que nos devolviera la esperanza y nos devolviera la vida”. Y añadió “hay algo mucho más importante: con Cristo resucitado todos nosotros encontramos una Dios una vida nueva, y encontramos una esperanza, un horizonte y un futuro para nuestra vida, porque Dios nos hace hijos suyos”.

Don Amadeo concluyó sus palabras afirmando que “Jesucristo ha resucitado, Jesucristo es vida nuestra y Jesús es el Señor. Esa vida nueva llega a nosotros por el Bautismo, por los Sacramentos de iniciación cristiana”.

Al término de las palabras del Prelado jiennense, uno de los seminaristas portó el cirio pascual y con él se dirigió hasta la pila bautismal donde dos niños nacían esa noche a la vida en Cristo, a la fe cristiana. Acompañados de sus padres y padrinos, y con el pueblo de Dios como testigo de este gran acontecimiento, Pablo y Blanca recibieron las aguas del bautismo de manos del Obispo de Jaén.

A continuación, los fieles que estaban participando en la Vigilia Pascual renovaron las promesas del bautismo, con las candelas encendidas, al igual que el día que recibieron las aguas bautismales. Y del mismo modo, el Obispo fue asperjando a todos los presentes: de este modo, agua y fuego renovaron en la fe a todos los fieles.

La Vigilia Pascual concluyó pasada la una de la madrugada.

Galería Fotográfica: “Vigilia Pascual 2017”

 

(Fuente: www.diocesisdejaen.es)

 

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